LA GUERRA DEL GENERAL ESCOBAR de José Luis Olaizola

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LA GUERRA DEL GENERAL ESCOBAR de José Luis Olaizola.

Este libro no contiene el relato de una guerra, sino la historia de un hombre que vivió una guerra. No es un libro de historia, sino una novela, para así atenuar la tristeza y aun crueldad de lo que sucedió, porque es sabido que las novelas son obras de ficción. Ojalá lo que aquí se cuenta hubiera sido ficción (José Luis Olaizola).

AUTOR

JOSÉ LUIS OLAIZOLA SARRIÁ. (1927, San Sebastián). Es licenciado en Derecho. Actualmente cultiva la literatura y el cine. Ha obtenido valiosos galardones, entre ellos el Premio Planeta 1983. Biznieto de un patrón de pesca, él mismo, siguiendo la tradición familiar, fue remero en su juventud y participó en campeonatos de España de bateles. Estudió Derecho y ejerció como abogado durante quince años, profesión que abandonó para dedicarse a la literatura.

Lleva publicados cerca de setenta libros de diversos géneros (cultivando especialmente la novela, el ensayo histórico y la literatura infantil), de los que ha vendido unos dos millones de ejemplares. Es Presidente de la ONG Somos Uno, dedicada a la lucha contra la prostitución infantil en Tailandia. Es padre de nueve hijos. Actualmente vive en Boadilla del Monte (provincia de Madrid).

SINOPSIS

Premio Planeta 1983. El coronel de la Guardia Civil Antonio Escobar, hombre de profundas convicciones religiosas, consiguió con su decidida actuación el 19 de julio de 1936 que no prosperase la sublevación militar en Barcelona. Pese a ser hijo de un héroe de la guerra de Cuba, y tener una hija monja adoratriz, un hijo falangista Palma de Plata y dos hermanos también coroneles de la Guardia Civil, optó por la libertad de actuar conforme a su conciencia y al juramento prestado al Gobierno legalmente constituido.

A través de esta obra, el autor nos da una visión infrecuente de los años de nuestra guerra, vividos sin partidismo ni ideologías por un militar que en la España del gran desgarrón histórico eligió, ante el estupor mal disimulado de las autoridades, una incómoda postura, porque creía que su puesto era aquél.

Pese a la historicidad del relato, nos encontramos ante una novela en la que su autor se ha limitado a recrear un personaje admirable que pudo vivir, luchar y morir en cualquier otra guerra fraticida de la Historia.

OPINIÓN

¿Por qué recomiendo este libro?

FRASES.

Mi hermano fue futbolista y jugó en un equipo juvenil del Valencia que aquel año llegó a la final del campeonato de España. Después del partido le pregunté: —¿Qué tal el partido, Alberto?
—Tú lo sabrás mejor, que lo has visto. Yo estaba dentro.
Yo, el 19 de julio estaba dentro y sólo me enteré de lo que sucedía cerca de mí. En cambio, el fiscal ha debido de estar en alguna tribuna de especial altura porque sabe lo que sucedía dentro y fuera del campo.

Mi abogado me encarece con grandísima insistencia que diga que, lo que hice, fue cumpliendo las órdenes estrictas de mi superior jerárquico, el general Aranguren, ya que la obediencia debida es eximente de culpabilidad. La verdad, tal y como están las cosas, prefiero que me juzgue Dios. Saldré ganando.

Algunas personas se han extrañado de que yo no aprovechara las oportunidades que tuve de irme al extranjero para apartarme de esta guerra tan cruenta, pero siempre he pensado que un militar sólo puede serlo dentro de un ejército, y que aunque las guerras sean un horror, de hacerlas alguien, debemos ser los militares los que las hagamos.

A pesar de todo, éramos amigos. Si no se puede ser amigos en el desacuerdo, ¿qué sentido tiene la vida?

—Las guerras hay que saber perderlas -dijo Escobar.
—Y ¿quién le garantiza a usted que nosotros vamos a saber ganarla? (Dijo el general)

—¿Por qué? ¿Por luchar contra la rebeldía soy un rebelde? Eso es una contradicción absurda.
—Mi coronel, su teoría está en contradicción con la Historia. La rebeldía queda purificada por el triunfo.
—Ante mi tumba ya abierta le aseguro que prefiero estar en contradicción con la Historia antes que con mi conciencia

—¿Cómo un militar con sus antecedentes pudo combatir al lado de gentes sin Dios y sin patria?
—Si yo creyera que Dios no estaba con aquellas pobres gentes me sentiría el más desgraciado de los hombres… Mi religión no me permite creer que Dios esté con una determinada clase de gentes y excluya a otras.

La verdad es la verdad aunque sólo la mantenga una minoría. Aunque esa minoría sea de uno solo.

MI MOMENTO CAFÉ

 

PENÉLOPE

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