LO QUE ME QUEDA POR VIVIR de Elvira Lindo.

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LO QUE ME QUEDA POR VIVIR de Elvira Lindo (2010). Un libro que hace cierto el dicho:

“Sencillo que no simple”.

AUTORA.

Elvira Lindo. Nacida en Cádiz en 1962, de entre las creaciones literarias de esta periodista, novelista, guionista y escritora cabe destacar las novelas y relatos protagonizados por un personaje al que ella misma había dado vida en el magazine radiofónico «Mira la radio»: Manolito Gafotas. Elvira Lindo fue galardonada con el Premio Nacional de Literatura infantil por Los trapos sucios de Manolito Gafotas en 1998, el mismo año en que publica El otro barrio, su debut en el género de la novela destinada al público adulto.

En el ámbito de la gran pantalla ha colaborado como GUIONISTA en:

  • La primera Noche de mi vida (1998)
  • MANOLITO GAFOTAS (1998)
  • Ataque verbal (2000)
  • PLENILUNIO (2000)
  • El cielo abierto (2000)
  • Una palabra tuya (2008)
  • La vida inesperada (2014)

Ha trabajado como ACTRIZ en:

  • La primera noche de mi vida (1998).
  • MANOLITO GAFOTAS (1999)
  • PLENILUNIO (2000)
  • El cielo abierto (2000)
  • SIN VERGÜENZA (2001)
  • PLANTA 4ª (2003)
  • CACHORRO (2004)

OTROS LIBROS DE ELVIRA LINDO:

  • Manolito Gafotas (1994)
  • Pobre Manolito (1995).
  • Manolito on the road (1998).
  • Otro barrio  (1998).
  • Yo y el Imbécil (1999).
  • Todo Manolito (2000).
  • Las recopilaciones de sus artículos periodísticos Tinto de verano en El País (2001)
  • El mundo es un pañuelo (2001).
  • Otro verano contigo (2002)
  • Algo más inesperado que la muerte (2003)
  • Una palabra tuya (2005), distinguida con el premio Biblioteca Breve.
  • Lugares que no quiero compartir con nadie (2011).
  • Mejor Manolo (2012).
  • Memphis – Lisboa  (2014).
  • Noches sin dormir (2015).

SINOPSIS.

Antonia tiene veintiséis años cuando se ve sola con un niño de cuatro en el cambiante Madrid de los ochenta. La suya es la historia de un viaje interior, el de una mujer que se enfrenta a la juventud y a la maternidad mientras intenta hacerse un lugar en la vida, en una ciudad y en una época de tiempo acelerado, más propicio a la confusión que a la certeza, sobre todo para alguien que ha tenido una experiencia demasiado temprana de la pérdida y de la soledad.

Lo que me queda por vivir es la crónica de un aprendizaje: cómo se logra a duras penas sobreponerse a la deslealtad; cómo el desvalimiento y la ternura de un hijo alivian la fragilidad de quien ha de hacerse fuerte para protegerlo.

Lo que me queda por vivir tiene la fuerza de las novelas que retratan un tiempo al contar unas vidas singulares, hechas por igual de desamparo e inocencia. La escritura de Elvira Lindo alcanza aquí una belleza sobrecogedora, yendo derecha al nervio de las cosas, al corazón de esas verdades sobre la experiencia que sólo puede contar la ficción.

OPINIÓN.

Os recomiendo esta novela intimista y ¿autobiográfica?; escrita en primera persona, la protagonista (una trabajadora divorciada madre de un niño) nos cuenta su vida, su historia, que como cualquier historia tiene un planteamiento, pero que como la vida misma no tiene un nudo sino una madeja totalmente enredada y no tiene desenlace sino una puerta abierta como su propio título indica.

Una historia con la que cualquier mujer trabajadora con hijos puede sentirse identificada con algunas situaciones, sentimientos, frustraciones, ilusiones.

FRASES.

¿Que con qué alimento mi vida? ¿Qué clase de pregunta es ésa? Cuando se tienen dos hijos y te cuesta tanto llegar a fin de mes una no anda pensando en el espíritu».

Había un resentimiento antiguo que yo ya había captado otras veces: el de quienes acusan estar fuera de un mundo que les parece más atractivo que el que a ellos les ha tocado en suerte.

En este presente, en el cual sólo me estorba el miedo retrospectivo a no haber sido digna de mí misma.

Era tan transparente a sus cuatro años, su pensamiento y su corazón eran aún tan míos que hubiera podido leerlos sin que apenas hablara.

Interrumpía la canción y se quedaba pensativa, como si estuviera imaginando esa otra posible vida que siempre se pierde por vivir la propia.

Yendo por las tardes con mi amiga al pequeño edificio de la biblioteca infantil, para leer, para hacer los deberes, para disfrutar con el acto solemne del préstamo y el sello.

Qué difícil era y es traicionar al grupo y qué fácil ser desleal con uno mismo.

No es sólo que ande perdida, lo que me ocurre tiene más difícil solución: me he perdido a mí misma, no sé quién soy.

Ahora le miro a los ojos, le miro intensamente a los ojos, me dice: «Anda, no llores», y presiento, lo sé, que sea lo que sea lo que anda por esa cabeza, está salvado, salvado, y yo con él, porque de su salvación depende la mía.

MI MOMENTO CAFÉ

PENÉLOPE

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