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Pifa Pifia. Lo virtual no puede reemplazar lo real

«Mi vida no es teorías ni fórmulas, es instinto y sentido común.» — Audrey Hepburn

No sé si alguna vez has leído un chiste de los contados por Eugenio o Chiquito. Te puedo decir, que no tienen gracia. Estos días cuando alguien por un WhatsApp me dice un abrazo enorme, de verdad que soy capaz de sentirlo, porque alguna vez me lo dio. Ahora si me dijeran siente que te caes de un avión, por mucho que me pusiera en situación no podría sentirlo, porque nunca lo he vivido.

Después de 11 días poniéndome al día con todas las tecnologías posibles para dar clase, que seguro que hay más, me he dado cuenta, que mis 50 o 40 minutos de explicación valían para algo. Les he mandado vídeos, apuntes lo más claro posibles, presentaciones… pero nada, y es que es comprensible.

Mi trabajo es explicar lo que a mi un día me explicaron y he estudiado. En mis explicaciones pongo ejemplos, pero no sólo utilizo la comunicación verbal sino también la no verbal, esa que sin duda enriquece mi explicación. Pero hay algo fundamental que se nos escapa, en ese proceso, el alumno de forma inconsciente se va haciendo preguntas, que van siendo resueltas por él mismo con la siguiente explicación o por el profesor.

Hemos pasado de partirles el jamón en taquitos pequeños a darles un jamón, además en muchos casos sin cuchillo. El otro día leía en Facebook que una madre, decía que como no tenía impresora había tenido que escribir a mano, porque el niño está en primero de primaria, todas las hojas de sumas. Ese comentario me llevó al anuncio del castor y en los días que para la fiesta fin de curso he tenido que hacer algún traje para Leo.

Los primeros 4 días me lo tomé de tal forma, que pensaba que iba a salvar el mundo. Lo que voy a decir ahora, por favor, no se me malinterprete. Si por algo amo esta profesión es porque di con profesionales que explicaban de lujo y porque además no sólo eran docentes.  A partir de esos 4 días, mi chip cambió y pensé, “mira Cristina piensa lo que querrías para tu hijo” (eso es algo que siempre hago cuando voy a tomar una decisión que afecta a mis alumnos). Y entonces me di cuenta que sólo tenía una función, como docente, ocupar sus mentes, pero sin agobiarles.

¿Qué significa ocupar sus mentes? que tengan una rutina, hacerles más fácil este periodo, que no tengan en mente, lo que no pueden hacer. Tengo que ayudarles en este periodo de cuarentena. Pero nunca por supuesto, crearles más agobio y sensación “tengo que ser idiota“.

Ya habrá tiempo para ponernos al día de muchas cosas.

Con segundo de bachillerato, el problema es mayor. Muchos creo que tienen la sensación y tendrán en mente, ¿pero segundo de bachillerato no pasaba en un segundo?, estábamos a nada de terminar, de dejar una etapa y comenzar otra. Y de pronto el mundo se para. Os tengo que decir, que el mundo a veces se para. Con ellos mi función, es explicarles poco a poco con paciencia conceptos nuevos que tienen que poner en práctica y por supuesto animarles y decirles que antes de que se den cuenta estaré peleándome con ellos y diciéndoles por favor callaros.

«No pretendas apagar un incendio con fuego, ni remediar con agua una inundación.» — Confundio Filósofo Chino

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PIFA PIFIA

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