La edad del porvenir.

Lo vi subiendo la calle y me dio alegría verlo. Cuanto tiempo había pasado, tenía ganas de preguntarle como le iba y si había conseguido todas aquellas metas que una vez escribió en un papel de color chillón. Al cruzarme con él, vi sus ojos perdidos y llenos de tristeza. Alzando la cabeza me saludó, pero ni me miró a los ojos y siguió su camino. Sentí una enorme pena y pensé: en qué mundo se había quedado aquel muchacho que una vez conocí.

Nos dictan siempre somos la edad del porvenir.
Nos van dictando cómo nacer, cómo vivir.
Nos dictan normas que sin querer hay que cumplir,
nos dictan todo porque hay que saber elegir,
nos dictan flores y no nos dan con qué crecer,
nos dictan frases sin enseñarnos a aprender.
Nos dictan godos para estudiárnoslos con fe
nos dictan cambios con que amarrarnos a una red,
Nos han contado que los hermanos
son los que dictan sin dar la mano
y nos han dicho que lo que oímos es así…
Tiramos dados y cuentan poco en el saber
nos salen granos en una edad de no entender
Nos dictan normas…

Cuando uno es joven tiene tres grandes cartas en sus manos, las ganas de conocer y experimentar, ser su propio dueño (que tus padres, ni nadie te dicte) y cambiar el mundo. Tres cartas que a cualquier dictador le darían pánico sino fuese porque hace tiempo descubrieron un arma más potente.

El dictador dueño de la oratoria, sabe que las palabras no son suficientes para ganar la partida. Durante un tiempo, pueden comer el cerebro, pero no quedará lo suficientemente dañado y en un futuro puede generar su propio pensamiento. Pero se dieron cuenta, que  si junto a las cartas, les daban algo que al aspirar les hiciera sentir libres, dueños de su paso, habrían ganando para siempre sus cerebros. Además hay una carta que el dictador conoce y  que los jóvenes no saben que la tienen  “a mi nunca me pasará, soy más listo”.

Con las drogas han creado el ejercito más fuerte que puede haber. Cada vez que aspiren, sus cuerpos se sentirán libres, sus únicos amos y cualquier cosa será motivo de risa. El problema es que sin darse cuenta, les irá comiendo por dentro y anulará su propio pensamiento. Entonces ellos que se creían en cada calada los amos del mundo, sin duda lo serán, pero de su propio y minúsculo mundo del que nunca podrán ya  salir.

Y si crees que eso no es así, mira en tu mano, porque quizás lleves la cuarta carta. Piensa un poco si todavía puedes, Trump lo primero que ha hecho es legalizar la marihuana y no hay ejercito que no haya drogado a sus soldados para aquellas misiones que una cabeza en su sano juicio nunca habría participado.

Sois la edad porvenir. Está en vuestras manos con que cartas queréis jugar, con tres o solo con la cuarta carta, que es la soberbia de creerse invencible.

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