Hace unos meses con motivo del 50 aniversario del instituto donde trabajo me hicieron varias fotos. En algunas que no estaban retocadas salían mis arrugas y mis imperfecciones, aunque al principio no me gustaron al día siguiente las volví a remirar (cuestión de coquetería), entonces vi la felicidad reflejada en mi cara, la profesionalidad, la pasión y el corazón del fotógrafo.
Las buenas fotos están llenas de imperfecciones, inspiración, sentimientos, pasión y corazón, en definitiva, llenas de vida. Recogen en un instante un momento que guardará para siempre todas las sensaciones vividas.