
«Saber estar a solas con la parte de nosotras que nos conoce, voces que nunca imaginamos, sueños que nunca aceptamos, paz que nunca llega, es un privilegio de la estirpe de los milagros […] saber estar con otros sin perder la índole de nuestras convicciones. […] ir al paraíso del amor y sus desfalcos, pero también […] volver de ahí dueña de mí, de mis pies y mis brazos, mi desafuero y mi cabeza. Y pocos de esos deseos hubieran sido posibles sin la voz, terca y generosa, del feminismo. No sólo de su existencia, sino de su complicidad y de su apoyo» — Ángeles Mastretta
