Aprendiz de la vida. Cuando te acostumbres a los ladridos dejarán de molestarte.

Cuando en el año 2010, me mandaron ese curso a Granada, Leo todavía era muy pequeño pero con una energía enorme. Así que como decía mi Fina, para cansarlo, desde que daban las 5 de la tarde  hasta que oscurecía, salíamos andar.

Una tarde decidimos subir por la cuesta San Antonio, para él era la primera vez pero para mí era una de las tantas de las que la había subido. Quien haya subido alguna vez por esa cuesta lo que voy a contar es muy normal que le haya pasado.

Leo desconocía lo que iba a ocurrir a la altura del Carmen de la dueña de Maipi, pero justo al pasar por el muro, ocurrió lo que mi memoria tenía guardado. Los perros subidos al muro, desde una posición privilegiada y de dominio, empezaron a ladrar. La reacción de Leo ante los ladridos fue la más normal, empezó a llorar. Yo ni siquiera reaccioné, en mi memoria tenía guardada que al pasar por allí, ladrarían aquellos perros.

Para conseguir aquella reacción, de pasar completamente y que no me asustaran aquellos ladridos, tengo que decir, que tuvieron que pasar dos cursos. Durante dos cursos, todas las mañanas al pasar por allí, y mira que sabía que iban a ladrar, me daban el susto. Daba igual lo preparada que fuese porque ellos conseguían darme el susto. Pero después de dos cursos, simplemente vi a dos pobres perros ladrando al aire.

Desde aquella vez, no he vuelto ha pasar por allí.

“Por mucho que te moleste algo, con el tiempo, dejará de hacerlo. Pero siempre que seas capaz de ver la realidad” Aprendiz de la vida- Pifiapifa.

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