Cuando emprendas tu viaje a Itaca.

Ayer pensé: febrero que pronto pasa el tiempo, ya mismo acaba el curso. Y de pronto me vino a la cabeza vuestras imágenes en las redes sociales y me dio pena.

Mira que odio volar, pero el año pasado me di cuenta que mi trabajo era el de azafata y que lo único que hago cuando os montáis al avión es intentar que apreciéis el paisaje, que disfrutéis del viaje y cuando os diga adiós o hasta pronto sepáis que sois capaces de comeros el mundo, pero eso si como siempre digo: no de un atracón, sino poquito a poco. Ese es mi trabajo, cada viaje dura normalmente dos años y después de eso viene el ADIÓS.

Cuando me llega la tristeza de pensar que los que tengo ahora en el avión se irán, pienso en las imágenes que hoy veo de aquellos turistas que un día volaron conmigo, en esas en las que intento reconocer a aquellos pasajeros que una vez conocí, me da alegría ver como crecéis, os convertís en grandes viajeros y como en cierta manera yo he contribuido con mis pequeñas lecciones de Itaca.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

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