Caperucita y los siete cabritillos.

Desde que Leo era pequeño, pero muy pequeño, tendría meses, le contaba todas las noches tres cuentos: Los tres cerditos, Caperucita Roja y los Siete cabritillos. En los dos últimos hacía énfasis en tres cosas: primero, en la maldad del lobo; en segundo lugar, que tanto Caperucita como los siete cabritillos no habían escuchado bien a su madre; y en tercer lugar, la gran suerte que habían tenido de salvarse.

Hoy, Leo tiene 10 años y le encantaría que lo dejara ir solo por la calle e incluso que lo dejara un ratito en la casa mientras no estamos. Leo es un niño de 10 años al que le gusta ser mayor.

Me gustaría decirle a mi hijo que sea libre, que hable con quien quiera, que se fie del primero que conozca y se vaya al fin del mundo con él. Pues bien, mientras existan lobos llenos de maldad eso no va a ser posible.

A medida que cumpla años, le tendré que dejar que vaya solo o este solo. Pero le tendré que advertir de los peligros y que no se fíe de nadie, porque posiblemente no tenga la misma suerte que Caperucita ni los Siete Cabritillos.

Los lobos van a existir siempre y debemos ser conscientes de que no se puede domesticar al lobo, ni ser más malo que el lobo (convertirse en uno), ni lograr que el lobo se arrepienta de sus maldades. Es una pena que hoy día no se pueda ser libre. Pero también lo que tiene que tener claro el  lobo es que tendrá su castigo, que por supuesto no puede ser sólo atarlo a un árbol o llenarle la barriga de piedras.

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