14 de febrero…. han pasado años y todavía sigues aquí

Solo se llora por los muertos… Esta frase te la oí decir millones de veces si alguna vez llorabamos por algo que nos había pasado.

Aquel 14 de febrero que tu nos dejaste, lloramos desconsoladamente. Porque aunque teníamos ya hecho el cuerpo, después de dos años de verte en la cama, a que pronto nos dejarías, aquella despedida no era, como el resto de despedidas de aquellos 730 días, aquella era para siempre.

Hay tanto de ti en mí y en las mujeres de tu vida, que es imposible olvidarte.

Yo también soy una brazos caídos, una mujer sin bolso, unos dientes apretados cuando me da genio y una de no parar de darle vueltas a las cosas…

No quiero olvidar ni decir bien nunca, caque, ni preocupación, ni mergizos, masconas o bioteca…. esas palabras sólo las conocemos nosotras. Ni olvidarte cuando veo una castaña con un gusano, ni un saco de chinos (mi hermana Maite seguro que no), ni una camisa de lunares, ni un palo clavado en la tierra, ni la orilla de mar, …

Yo creo que a ti te debemos muchas cosas. Cuando escucho a alguien diciendo: es dificil engañar. Yo pienso como se nota que no tuvisteis a la experta en interrogatorios y en espionaje en vuestra infancia. Yo no engaño, porque me enseñaron que esta mal, pero si alguna vez tengo que engañar es imposible que me pillen.

También hemos aprendido de ti, amar a los tuyos. “Tus mujeres” todas sentimos que nos quisiste igual, no creo que haya alguna que piense, a esta la quería más que a mí. Tú te entregabas en cuerpo y alma a nosotros. Te podían durar unas medias un siglo, pero cuando llegaba un momento importante, en ese momento aparecías tú con tu puño cerrado y dándonos lo que con tanto esfuerzo habías ahorrado.

Has sido la bondad y el amor en persona.

Pero sólo hay dos cosas que odio que me enseñaras, y que aprendimos la mujeres de tu vida, a no querernos y a levantarnos en mitad de la noche para ver si hemos apagado el butano. Hoy con 44 años, si alguna vez dudo si me he dejado la plancha encendida, ni me vuelvo (realmente hago un gran esfuerzo para no volverme), quiero a los míos pero también estoy aprendiendo a quererme.

Te quise, te quiero y te querré siempre.

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